Una tierra remota
Hay lugares que están alejados de todo, enclavados en el medio de la nada o de la casi nada, y a pesar de ello están habitados. Tienen una población con sus alegrías y sus tristezas, con sus medios de transporte aunque sean muy reducidos, con sus sistemas de comunicaciones y con sus formas de relacionarse entre sí y con el resto del mundo; entre ellas, su sistema de correos, con tinta, papel, sobres… y sellos de franqueo.
Seguir leyendo Tristan da Cunha, Una tierra perdida en medio de Atlántico

Por algún tiempo habían notado, vagamente, un ruido extraño en la distancia, como a veces percibimos el tictac de un reloj sin darnos cuenta precisa de ello. Pero después el ruido misterioso se hizo más pronunciado y se impuso a la atención. Los muchachos se incorporaron mirándose unos a otros y se pusieron a escuchar. Hubo un prolongado silencio, profundo, no interrumpido: después, un sordo y medroso trueno llegó al ras del agua, desde la lejanía.
Cuando hablamos de héroes solemos pensar en personas que han llevado a cabo grandes hazañas a riesgo de perder sus propias vidas. Nos vienen a la mente gentes que han destacado en duras batallas, que han hecho frente a grandes desastres, han efectuado peligrosos salvamentos y cosas por el estilo.
Supongo, estimado lector, que a estas alturas no desvelo ningún gran secreto si le digo que el verano está a la vuelta de la esquina, y que con él llegan las tan esperadas vacaciones; una época en la que cada uno trata de pasarlo lo mejor posible, viajando por la geografía española o por el extranjero, como hacen unos pocos, practicando turismo rural o yendo a la montaña como hacen otros, quedándose en casa —que a veces es donde mejor se está —, y sobre todo yendo a la playa, como hacen todos los demás, que son un montón.
La mañana del 27 de junio del pasado año 2024, se presentó un sello conmemorativo con motivo del XV aniversario de la declaración de la Torre de Hércules como Patrimonio de la Humanidad.
El Caribe fue un mar en el que la piratería encontró uno de sus grandes teatros de operaciones, lo que no tiene nada de extraño, ya que era bastante cerrado, con mucha navegación y un gran mercado, muy ricos cargamentos y multitud de islas donde los ladrones del mar podían establecer sus cuarteles generales y esconderse.