Una tierra remota
Hay lugares que están alejados de todo, enclavados en el medio de la nada o de la casi nada, y a pesar de ello están habitados. Tienen una población con sus alegrías y sus tristezas, con sus medios de transporte aunque sean muy reducidos, con sus sistemas de comunicaciones y con sus formas de relacionarse entre sí y con el resto del mundo; entre ellas, su sistema de correos, con tinta, papel, sobres… y sellos de franqueo.
Hablo de Tristan da Cunha, cuyo nombre en español es Tristán de Acuña, aunque voy a utilizar su nombre tal como aparece en sus sellos de correos.
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Sellos emitidos en 2014 que muestran cuadros pintados por el artista británico Augustus Earle, que realizó parte de su labor en Tristan da Cunha.
Tristan da Cunha
Es un archipiélago británico situado en el Atlántico Sur, entre las costas de Argentina y el cabo de Buena Esperanza, y depende de la isla de Santa Elena que, siendo el lugar habitado más cercano, se encuentra al norte, a la friolera distancia de unos 2.440 kilómetros.
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Diferentes barcos aparecidos en los sellos de Tristan da Cunha
Está compuesto por varias islas pequeñas, de las que la mayor, con el mismo nombre que el archipiélago, mide 98 km2 y su capital administrativa tiene el rimbómbate nombre de Edimburgo de los Siete Mares, con una población de 302 habitantes censados en el año 2015. Entre las restantes islas se encuentra Inaccesible, de 14 km2 y deshabitada. Las también despobladas islas Nightingale, de 3,4 km2, están formadas por tres islotes, con las siguientes superficies en km2: 3,2 (Nightingale), 0,1 (Middle) y 0,1 (Stoltenhoff), todas ellas a unos 35 km al suroeste de Tristan da Cunha. Y la isla Gough, o isla Gonçalo Alvares, de 68 km2, a unos 395 km al sureste de Tristan, en la que normalmente solo vive una docena de personas, componentes del Programa Antártico Sudafricano, en una base asentada en este lugar que alguna vez ha aparecido en sellos de correos.

Sello diseñado por Allan Crawford en 1946, con un mapa que muestra la localización de Tristan da Cunha en medio del océano Atlántico
La isla principal tiene un acceso muy difícil, ya que la mayor parte de sus costas están formadas por acantilados de más de 600 metros de altura. Destaca por su lejanía, ya que es el lugar habitado de la tierra más remoto, es decir, más alejado de cualquier lugar civilizado. Las coordenadas de Tristan da Cunha son 37º 06’ de latitud sur y 12º 16’ de longitud oeste, y se encuentra a unos 2.805 km de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y a 3.900 km de Montevideo, en Sudamérica.
Algunos sellos muestran la situación de la isla en medio del Atlántico. Tristan es de origen volcánico, con un relieve muy montañoso y una llanura en la parte noroeste, donde se asienta la ciudad de Edimburgo. Su cota más elevada, de 2.262 metros, es el volcán Queen Mary, situado al centro de la isla. Se trata del pico más alto del Atlántico Sur, que durante el invierno está cubierto de nieve y es protagonista de algunos sellos.
Algo de historia
La isla fue descubierta en el año 1506 por el portugués Tristão da Cunha, que le dio su nombre. Y digo yo que este debió de encontrar la isla o alguna de las componentes de su pequeño archipiélago de pura chamba, ya que dar con ella en el medio de océano Atlántico, fuera de cualquier ruta, no tuvo que ser nada fácil. Es más, supongo que en aquellos tiempos, una vez conocida su posición, volver a ella debía de ser algo complicado con los rudimentarios sistemas de navegación de la época.

Hoja bloque de 1974 que hace referencia a la posición geográfica de Tristan da Cunha, a su fauna y a su vocación marinera
Hubo descubrimientos en cierto modo mucho más fáciles, como fue el de América por Colón. Ya sé que la influencia del descubrimiento del Nuevo Mundo fue inmensa, cambió el concepto del orbe en todos los aspectos y no se puede comparar con el descubrimiento de la isla de Tristan, que no cambió nada. Pero Colón lo tuvo fácil. Echó a navegar hacia el oeste y tarde o temprano se iba a dar de narices con ese muro que de norte a sur cierra al Atlántico por su parte occidental formando el continente americano. En cambio lo de Tristão da Cunha, topándose con unas rocas perdidas en medio de la parte sur del océano Atlántico, debió de ser como dar con una aguja perdida en un pajar.

Sello de Santa Elena de 1952, estampillado para su uso en el correo de Tristan da Cunha
Varios gobiernos sopesaron tomar posesión de Tristan a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pero lo dejaron pasar, ya que la isla carecía de zonas apropiadas para el atraque de barcos. Más adelante fue utilizada sobre todo por cazadores de focas y balleneros norteamericanos, de donde salieron los primeros pobladores permanentes a principios del siglo XIX. El Gobierno británico declaró a la isla parte de su imperio en 1816 para impedir que los franceses llevasen a cabo una expedición para liberar a Napoleón Bonaparte, que estaba desterrado en Santa Elena. Y en 1938, Gran Bretaña la convirtió en dependencia de la isla de Santa Elena.
Sufrió algunas calamidades que tuvieron un impacto muy negativo en su reducida economía. Una de ellas fue la erupción del volcán Queen Mary en 1961, que obligó a desalojar a toda la población a Ciudad del Cabo, para ser llevada más tarde a Inglaterra. Pero parece que a aquellas gentes no les hizo mucha gracia la trepidante vida europea, el tráfico, las prisas, el ruido, la contaminación y las demás cosas que van anejas a nuestra civilización, y a los dos años prefirieron regresa a su isla, donde afortunadamente, la lava del volcán no había afectado a sus casas. El 21 de mayo de 2001 pasó por allí un gran ciclón, que levantó algunos tejados y causó otros destrozos. Y en el año 2008 padeció el gran incendio de la fábrica de pescado, que fue otro duro golpe para su economía.

Hoja bloque emitida en 1992 para conmemorar el centenario del hundimiento de la bricbarca «Italia»
Aunque alguna isla del archipiélago apareció en obras de Julio Verne ‹Los hijos del capitán Grant o Un capitán de quince años), Edgar Allan Poe (Las aventuras de Arthur Gordon Gym) y Emilio Salgari (El rey del aire), en realidad Tristan salió del anonimato en noviembre de 2011, cuando llegó hasta allí el barco Puma’s Mar Mostro, participante en la Volvo Ocean Race, al romper el mástil en la primera etapa entre Alicante y Ciudad del Cabo. Aquel acontecimiento tuvo un gran impacto mediático y, por así decirlo, puso a la isla de Tristan en el mapa.




Sellos de 1978 mostrando la fauna marina de Tristan da Cunha
Sus habitantes
La isla de Tristan tiene muy pocos habitantes, que al vivir en una tierra tan pequeña y alejada del resto de la civilización sufren de una alta endogamia. Lo normal y lógico es que se casen entre ellos, ya que, salvo algunos jóvenes que abandonan su pequeña patria chica para buscar una mejor y más variada vida en otro sitio, lo más corriente es que los nacidos en la isla se queden en ella. Por ello, la población queda configurada en unas 80 familias, en las que solo hay ocho apellidos: Glass, Green, Hagan, Laverello, Patterson, Repetto, Rogers y Swain.
Son aficionados al whisky, y por su endogamia padecen algunas enfermedades, como el glaucoma o el asma. En cambio no sufren de resfriados, a no ser que alguno llegue del exterior llevado por un visitante.
Vida en Tristan
El pequeño pueblo de Edimburgo tiene lo necesario para que sus habitantes vivan todo lo cómodos que pueden en sus remotas moradas y para ello cuenta con diferentes establecimientos, organizaciones e infraestructuras: café, campo de fútbol, de golf, centro comunitario, escuela, emisora de radio, granja, pub, piscina, pista de tenis, teléfono/fax por satélite, tienda de ultramarinos, videoclub y está mejorando sus conexiones con el exterior. Cuenta con alojamientos para visitantes a precios módicos. La televisión llegó a la isla en 2001. Tiene código postal del Reino Unido desde 2005, y en 2006 le llegó la conexión a Internet.
No cuenta con aeropuerto. Solo tiene una carretera, que lógicamente pasa por Edimburgo de los Siete Mares. Las únicas formas de llegar a la isla son por barco y en casos extremos por helicóptero. A veces aparece algún pesquero o también el barco de apoyo del Programa Antártico Sudafricano. Hay compañías de cruceros que en sus programas ofrecen una escala en la isla, y de tarde en tarde llega algún barco británico con víveres, medicamentos, repuestos, revistas y cosas por el estilo. Los médicos de cabecera, dentistas y otros permanecen en el lugar durante días para atender las necesidades de los habitantes y las urgencias médicas son evacuadas a Ciudad del Cabo.
El que vaya a visitarla puede disfrutar ampliamente de su paz y de su enorme aislamiento del resto del mundo, dar algún que otro paseo, jugar al golf o al tenis, subir al volcán con la obligada compañía de un residente, visitar la isla Inaccesible, que no lo es tanto, y poco más, ya que no tiene playas que permitan disfrutar del mar que baña sus orillas. Bueno, también puede hablar con los isleños, a los que les encanta enterarse de lo que pasa por otros sitios, para ellos siempre remotos.
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Sellos de 1974 dedicados al pingüino rockllopper (saltador de rocas) de Tristan da Cunha
La verdad es que es una isla pacífica, muy tranquila, con un índice de criminalidad igual a cero, donde todos se conocen y donde nunca cierran sus casas ni sus coches, que algunos hay.
Por cierto, cuando estaba cerrando esta crónica me encontré una noticia de prensa, del 23 de septiembre de 2015, que decía que en Tristan da Cunha estaban buscando cinco profesores con experiencia en el sistema educativo del Reino Unido para dar clases a 23 estudiantes de primaria y secundaria. Era una oferta de trabajo con buen sueldo, que incluía todos los gastos de traslado y alojamiento, con la condición de estar dispuesto a vivir en el fin del mundo. Lo digo por si alguien está interesado; a lo mejor llega a tiempo. Suerte.
Economía
La agricultura es una de las principales actividades de los isleños. Otra es la pesca, con frecuencia reflejada en sus sellos de correos, destacando la industria de la langosta, también protagonista de alguno de ellos, que comenzó hacia el 1950 e hizo resurgir la pobre economía de la isla. Otra fuente de ingresos la representa la venta de sus sellos de correos, muy apreciados por las tiendas de filatelia y los coleccionistas. Los habitantes también venden piezas de artesanía y otros recuerdos, se ofrecen como guías de los visitantes que llegan a la isla e incluso ofrecen algunos alojamientos.
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Sellos de 1970 dedicados a la langosta de Tristan da Cunha y a su pesca
Existe ganado con un número de cabezas muy controlado para evitar que haya grandes diferencias económicas entre los habitantes y para que los escasos pastos no se lleguen a agotar. La comunidad es propietaria de toda la tierra, cuya compra o venta no está permitida. Tampoco lo está el asentamiento de gente que no sea de la isla, de modo que el visitante al final siempre se tiene que marchar. Y su moneda es la libra esterlina británica.
Filatelia
Tristan da Cunha cuenta con servicio de correos y emite sus propios sellos. Al principio tenía estampillas para el correo local y a partir de 1952 empezó a utilizar sellos sobrecargados de Santa Elena y más adelante comenzó a emitir los suyos propios.
Por su situación en medio del océano, los motivos de los sellos abundan en temas de mar, como es lógico. En referencia a la fauna local, los hay dedicados a gaviotas, a peces, a pingüinos, entre ellos el rockhopper (saltador de rocas) y a su famosa langosta. Otros muestran la posición de la isla en el mapa. También los hay que hacen alusiones a su estación antártica en Gough. Son frecuentes las vistas y obras de arte que reflejan el ambiente y el pasado marinero de la isla. Y por supuesto, muchos reflejan la vida en la mar o reproducen imágenes de pequeñas embarcaciones y de barcos de todos los tiempos.
Por Marcelino GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

Publicado en le sección «La Mar en la Filatelia» del numero de mayo de 2017 de la
Revista General de Marina

















Lástima no ser maestro, bromas aparte, me ha parecido muy interesante, solo destacar que los habitantes escriben mucho, y lo digo por el alto número de emisiones y efectos para tan exigua población.
Abrazos
Enhorabuena y gracias, Marcelino.
Un fuerte abrazo, maestro
Como siempre, un gran artículo de Marcelino e interesante y a vivir que son 2 días
Excelente reseña histórica y filatélica.