En febrero de 1893, Gustave Mesureur, diputado del Partido Radical, consiguió que se aprobara la convocatoria de un concurso para la realización de un nuevo sello postal que sustituyese al tipo “Paz y Comercio”, conocido popularmente como el “Sage”, debido al nombre de su creador, Jules-Auguste Sage, que estaba en vigor desde 1876.
Con el título “El Grasset, un sello con dos vidas”, Mario Sánchez Cachero, un destacado miembro de SOFIMA a cuya Junta Directiva pertenece, nos trae la historia de este sello que debe su nombre al apellido de su creador. Se trata de un sello que en un principio iba a circular en Francia, y así fue diseñado, pero por diferentes avatares terminó circulando años después en la Indochina Francesa en 1904.
Como anticipo a los enteros postales en España, el Dr, Thebussem hizo unas tarjetas postales, y el Sr. Fábregas emitió en 1890 una tarjeta particular con su nombre impreso, en cartulina gris azulada, de la que se conservan poquísimos ejemplares. Luego se le ocurrió hacer la CARTA-TARJETA, que convirtió en medio de publicidad.
Correos considera que la tarjeta postal es un producto tradicional muy utilizado entre el turismo nacional y extranjero, cuya distribución se realiza especialmente en un circuito de tiendas de recuerdos, estancos y hoteles, donde no se venden sellos.
Una de las primeras actividades ligadas a la evolución cultural del ser humano fue el comercio. El intercambio de los diversos productos lo enfrento a la necesidad de pesarlos y medirlos.
El Real Decreto de 23 de septiembre de 1908 establecía que “la correspondencia oficial que las Autoridades o Corporaciones puedan expedir sin franqueo llevará estampado un sello de fechas, en que además aparezca el nombre de la entidad remitente y las palabras “Correos”, “Franquicias”, ajustado en su forma y tamaño a la estampación-modelo que facilitará la Dirección general de Correos y Telégrafos.”
La historia postal ha contado con lagunas por la dificultad en la interpretación de palabras o símbolos de las cubiertas de los sobrescritos. Una de ellas es la interpretación de las primeras marcas “mudas” de cuño en las cubiertas de los sobrescritos.
Con el título “José Manuel Werner Bolín, Cronología de una tragedia”, la conferencia desarrollada por Julián Palmero Cuéllar no ha sido una charla filatélica al uso.
En ocasiones una sencilla pregunta nos puede poner en el camino de una interesante investigación que puede concluir con un sorprendente hallazgo.
El término Chasqui, originario de la lengua quechua, denominaba a los legendarios correos del Inca, que fueron puestos al servicio del Correo Mayor de Indias tras la Conquista y que transitaban una vasta red de caminos y senderos de más de 23.000 kilómetros, denominados Qhapaq Ñan o Gran Camino Inca, reconocido como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. El Gran Camino Inca partía desde el Cusco (Perú), sede del Incanato, llegando por el norte al territorio de Pastos (actual Colombia) y por el sur hasta las actuales Buenos Aires y Santiago de Chile (capitales de Argentina y Chile), y atravesando por Bolivia y Ecuador, además del Perú.
Con el título “Entero Postales de la Revolución Cubana” el pasado jueves 15 de abril, dentro del Ciclo de Micro-Conferencias Telemáticas de SOFIMA, Juan Enrique Page de la Vega desarrolló una interesantísima conferencia en la que analizó las particularidades de este material postal a partir de la llegada al poder del régimen castrista.