En su conferencia “Los valores faciales de los sellos en las emisiones de Isabel II como consecuencia de las tarifas y convenios postales” Javier Taguas ha analizado la evolución de los valores faciales de los sellos emitidos durante el reinado de Isabel II mostrando cómo su aparición, modificación o desaparición estuvo directamente determinada por las tarifas postales vigentes y por los convenios internacionales suscritos por España. Lejos de responder únicamente a criterios administrativos o estéticos, cada valor facial surgió para satisfacer necesidades concretas del servicio postal y facilitar el franqueo de determinados tipos de correspondencia.
El estudio se ha centrado en la correspondencia privada ordinaria y certificada articulado en tres grandes etapas: 1850-1854, 1854-1865 y 1866-1869. A través de abundante documentación postal circulada, Taguas muestra cómo la historia de las emisiones de Isabel II está en estrecha relación con la evolución de las tarifas, las modalidades de envío y las rutas internacionales.

Sellos de 12 cuartos: Correo ordinario
La primera etapa se inicia con la implantación del franqueo previo mediante sellos adhesivos el 1 de enero de 1850, según el Real Decreto de 24 de octubre y la Instrucción de 1 de diciembre, ambos de 1849. Para fomentar el uso del nuevo sistema de franqueo previo mediante sellos se crea una tarifa más barata (hasta un 40 %) que la vigente en ese momento para la correspondencia no franca. De esta manera surgieron los sellos de 6 y 12 cuartos para el correo ordinario, los de 5 y 10 reales para las cartas certificadas y el de 6 reales para la correspondencia certificada al extranjero. La estructura tarifaria explica directamente la necesidad de cada uno de estos valores. El conferenciante ha destacado además como los sellos concebidos para la correspondencia certificada fueron utilizados también como franqueo ordinario.

Desde el 29 de junio de 1853, las cartas dirigidas a los Estados Italianos, excluida Cerdeña, se deben franquear previamente “hasta la raya”, y pagar un porte idéntico al correo interior del reino, es decir, 6 cuartos / 8 adarmes. En vigor hasta el 1 de mayo de 1855.
Durante estos primeros años se produjeron importantes modificaciones derivadas tanto de los convenios internacionales como de la evolución del correo interior. El convenio postal con Portugal, en vigor desde el 30 de agosto de 1850, hizo necesaria la introducción del sello de 2 reales en 1851, uno de los primeros ejemplos de la influencia directa de los acuerdos internacionales sobre las emisiones españolas. Por otro lado, se muestra cómo hubo que crear valores concretos para responder a necesidades puntuales, como es el caso del correo local de Madrid, que originó la emisión de los sellos de 3 cuartos y posteriormente de 1 cuarto.
Javier Taguas ha dedicado especial atención a los distintos regímenes tarifarios existentes dentro del ámbito postal español. Canarias dispuso en esta primera etapa una tarifa específica heredada de reglamentaciones anteriores, mientras que la correspondencia dirigida a Cuba, Puerto Rico y Filipinas mantuvo una estructura propia basada en el peso de las cartas. Estas particularidades explican numerosos franqueos mixtos y usos combinados de sellos de distintos valores faciales.

Gran fragmento de plica judicial de Requena a Albacete, con un sello de 6 cuartos y otro de 5 reales, matasellados con arañas rojas, circulada el 27 de febrero de 1851 (48 ½ cuartos, para un peso máximo de 4 onzas, con un exceso de ½ cuarto)
La segunda etapa comienza con la reforma tarifaria de noviembre de 1854, que simplificó notablemente el sistema postal español. Se consolidaron entonces los valores de 2 cuartos para el correo local, 4 cuartos para la correspondencia ordinaria peninsular, 1 real para Cuba y Puerto Rico y 2 reales para las cartas certificadas. Como consecuencia de esta reforma, y a excepción de los sellos de 2 reales, desaparecieron los demás valores de la etapa anterior.
Lejos de responder únicamente a criterios administrativos o estéticos, cada valor facial surgió para satisfacer necesidades concretas del servicio postal.
Entre 1858 y 1864 la creciente integración de España en las redes postales europeas volvió a reflejarse en las emisiones filatélicas. Los convenios con Inglaterra, Francia, Bélgica, Portugal y otros países introdujeron nuevas tarifas internacionales que exigieron valores específicos. En particular, los convenios con Francia y Bélgica dieron origen respectivamente a los sellos de 12 y 19 cuartos. Estos valores permitían satisfacer exactamente las tarifas establecidas para el correo ordinario y certificado dirigido a dichos destinos y evitaban complejas combinaciones de sellos.

Convenio con Inglaterra de 01/05/1858, en vigor desde 01/10/1858: 2 reales /¼ onza.
La presentación también ha puesto de relieve cómo la implantación progresiva del franqueo obligatorio en determinados servicios transformó la función de los sellos postales. La obligatoriedad del franqueo para la correspondencia pública y para diversas modalidades de correo internacional respondió al deseo de mejorar la gestión administrativa y armonizar el sistema español con las prácticas postales europeas más avanzadas.

Sellos de 100 milésimas de escudo
Finalmente, la última etapa se vincula principalmente con la reforma monetaria introducida por la ley de 26 de junio de 1864 y, también, con la tarifa de 1 de julio de 1867. La sustitución de los valores expresados en reales por otros expresados en céntimos de escudo y, un poco más tarde, en milésimas de escudo —25, 50, 100 y 200 milésimas— junto con la sustitución de las unidades de peso, hasta entonces adarmes y onzas, por la de gramos, refleja la adaptación del sistema postal a las nuevas unidades y constituye la culminación del proceso de adecuación entre emisiones filatélicas y necesidades tarifarias.
En conclusión, Javier Taguas ha mostrado como los sellos de Isabel II constituyen auténticos documentos históricos. Cada valor facial refleja una realidad postal concreta y permite seguir la evolución de las comunicaciones españolas en una época convulsa de profundas transformaciones. Este estudio, centrado entre los años 1850 y 1869, evidencia cómo las tarifas, los convenios internacionales y las reformas administrativas fueron los verdaderos motores de las emisiones postales españolas, convirtiendo a los sellos en testigos privilegiados de la progresiva integración de España en las redes postales internacionales.
Aquí puedes acceder a los contenidos de la conferencia
Lejos de responder únicamente a criterios administrativos o estéticos, cada valor facial surgió para satisfacer necesidades concretas del servicio postal.