Por José Manuel Rodriguez
Expresidente de SOFIMA
Miembro de la Real Academia Hispánica de Filatelia e Historia Postal
Las tarjetas tenían el mismo derecho a la inviolabilidad que las cartas, pero solo en el ámbito del correo. Si en el domicilio la recibía una persona distinta al destinatario, la privacidad no estaba nada garantizada. Por eso el remitente de la postal, un enamorado que escribe a su novia, recurre a escribir parte del texto en clave.